domingo, 18 de mayo de 2014

Lectura de apoyo. Noveno grado. leer cuidadosamente el siguiente texto y realiza la actividad N° 3 del Saber-Hacer, de la guía de aprendizaje.

                   

VIGENCIA DE LA ANTIGUA LEY DE MOISÉS

En Mt. 5, 17-48 Jesús expresa de manera radical y concreta que su misión en el mundo no consiste en abolir la antigua Ley de Moisés, sino, por el contrario, en llevarla a su cumplimiento dándole el sentido original que Dios Padre estableció. Pero también a partir de la Ley de Moisés  los maestros de la ley establecieron muchas otras normas que terminaron por contradecir o desfigurar el verdadero sentido de la Ley de Dios, aunque ellos lo presentaban como ley de Dios. Por ello Jesús vuelve al sentido original:
- Si la antigua ley prohibía matar al hermano, la nueva ley de Cristo prohíbe encolerizarse con él, tratarlo mal: “si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda allí, delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda”. (Mt, 5,23-24).
- Si en el antiguo Testamento se decía “no cometerás adulterio”, Jesús dice que ni siquiera se puede mirar a una mujer deseándola, pues de esta forma se comete adulterio en el corazón.
- De la misma manera, la Ley de Moisés permitía cierto tipo de divorcio, en tanto que la ley propuesta en el Evangelio prohíbe radicalmente repudiar a la mujer.
- Así mismo, la nueva Ley de Cristo es mucho más radical que la antigua respecto al amor a los hermanos y al perdón de quienes nos ofenden: “amad a vuestros enemigos y rogad por quienes os persiguen, para que seáis hijos de vuestro padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt. 5,44-45).

Sentido de la limosna, la oración y el ayuno.
Entre los antiguos israelitas tenía mucha importancia la práctica de la limosna, la oración y el ayuno. Jesús propuso un sentido nuevo y más auténtico de tales prácticas:
Respecto a la limosna, el Señor enseña que debe practicarse con discreción, sin el ceremonial que utilizaban los hipócritas y fariseos para ser honrados por las demás personas: “Tú en cambio cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt. 6,3-4).
Jesús igualmente da el mismo consejo de discreción en relación con la oración. Los verdaderos seguidores suyos han de orar desde su interioridad, con humildad y sin ningún tipo de ostentación. Así mismo recomienda no utilizar mucha palabrería para hablar con Dios; solo basta con referirse a Él como un verdadero Padre; por eso enseñó a sus discípulos la oración del Padrenuestro.
Finalmente, Jesús recomienda a sus seguidores la práctica discreta del ayuno; nadie tiene porque enterarse de él; debe ser interior y demostrar una auténtica conversión de corazón. Para los cristianos y las cristianas, el arrepentimiento no se demuestra con prácticas externas, sino con el cambio de actitud ante el plan de Dios.

Confianza de la providencia. Para los cristianos y las cristianas, la confianza en la Providencia constituye un aspecto fundamental de su moral. Jesús propone a sus seguidores que no se preocupen por los aspectos materiales de la vida como la comida, el vestido, la vivienda, puesto que el Padre Dios está pendiente de ellos y con seguridad, nunca los abandona. Esta confianza en forma alguna no es una invitación a la pasividad, sino una actitud de vida que debe manifestarse en todas las circunstancias cotidianas.

Regla de oro de la moralidad cristiana. En este discurso evangélico Jesús dice a sus seguidores que en su vida deben aplicar una sencilla regla: no hacer a los demás lo que no deseamos que hagan con nosotros, y “todo cuanto queráis que os hagan los otros, hacédselo también vosotros” (Mt. 7, 12).
Lo importante de todas estas normas morales que enseña Jesús a quienes desean seguirlo, es que no se quedan en simples palabras, ya que a lo largo de su vida terrena el Señor vivió tal como enseñó a sus discípulos: amó en todo momento a sus hermanos, denunció las injusticias, ayudó a los necesitados, perdonó los pecados… Y como si todo esto fuera poco, antes de morir lavó los pies a los discípulos para significar el nuevo mandamiento del amor a los hermanos, y cuando  ya estaba en la cruz, perdonó a quienes lo condenaron a muerte de manera injusta.